viernes, 8 de noviembre de 2013

LA UNIVERSIDAD EN MÉXICO. UN ESPACIO PARA EL DESARROLLO Y LA EQUIDAD DE GÉNERO.


 
En el presente documento se analiza la forma en que impacta la escolaridad en la discriminación de género, y el papel que juegan las Universidades en este contexto. En un primer momento se aborda el planteamiento formulado por Buquet, de que  a mayor nivel educativo, mayores y mejores posibilidades de inserción laboral e ingresos así como mejores perspectivas de movilidad social ascendente para el género femenino; Posteriormente se razona sobre el papel que la Universidad juega en el ámbito de la equidad de género, sus alcances y sus limitaciones; Subsiguientemente se identifican las barreras intangibles que limitan el pleno desarrollo y la equidad de género (Buquet,2012; Fergusson, Lanz y Marcuzzi, 2003;  Papadópulos y Radakovich, 2006).  
A mayor escolaridad menor es la discriminación por género.
Recientemente se ha considerado que la igualdad entre mujeres y hombres no es sólo un asunto de justicia social, cuestiones de género y de especie son indisolubles en el contexto de derechos humanos y enfocan esta ideología hacia una necesidad para el desarrollo económico y social de cualquier sociedad (Buquet,  2011). Sin embargo, aunque el origen no esté plenamente identificado, es evidente que  la educación constituye un importante parteaguas en la discriminación por género, porque “la educación como fuente transmisora y conformadora de conocimiento, trasmite las lógicas mediante las cuales se aborda la realidad y el propio conocimiento”. (Fergusson, Lanz y Marcuzzi, 2003, p. 106).
Es importe reconocer que “la educación superior no fue un espacio considerado propiamente femenino, constituyendo uno de los ámbitos privilegiados de reproducción de las desigualdades de género en el fortalecimiento de la división sexual del trabajo” (Papadópulos y Radakovich, 2006, p. 118). Las transformaciones en el contexto sociocultural y económico de México, han promovido también y de manera favorable la inclusión de la mujer en la Universidad. Por hoy queda de manifiesto que a mayor nivel educativo, mayores y mejores posibilidades de inserción laboral e ingresos así como mejores perspectivas de movilidad social ascendente. En los últimos treinta años, las mujeres han alcanzado niveles de matriculación que equiparan los niveles masculinos y en algunos casos han comenzado a superar estos niveles alcanzando mayorías significativas en algunas carreras (Papadópulos y Radakovich, 2006).
Uno de los elementos centrales de la dedicación internacional, y de los gobiernos, a corregir las desigualdades históricas en las que han estado sumergidas las mujeres es, sin lugar a dudas, que el desarrollo social y el bienestar humano sólo podrán ser alcanzados si se incorpora en estos procesos a toda la población humana y no sólo a la mitad de ella (Papadópulos y Radakovich, 2006; Buquet,  2011). Si bien es cierto que a mayor escolaridad es menor  la discriminación por género, tenemos que reconocer que faltan cosas por hacer al respecto. Por ejemplo “las mujeres representan sólo la quinta parte en el nivel III del SNI, y también son la quinta parte en las áreas del conocimiento de ingeniería, así como en ciencias físico-matemáticas y de la Tierra” (Bustos, 2012, p.29)
El papel de la Universidad en la equidad de género.
En el contexto del compromiso social de la Universidad, subyace una interrogante de fondo: ¿Qué papel juega la Universidad en la equidad de género?,   la primer respuesta se hace evidente al considerar que “la educación superior en la historia reciente ha tenido un papel de gran relevancia en la consolidación de estructuras igualitarias de oportunidades entre varones y mujeres en el ámbito de la formación académica” (Papadópulos y Radakovich, 2006, p. 118). Este propósito ha gestado una verdadera revolución silenciosa en el sistema universitario de América Latina. Esta es la masiva incorporación de estudiantes mujeres al mismo. También es así en lo que atañe a las egresadas del sistema. Asimismo, esta revolución silenciosa ha tenido un fuerte impacto en el mercado laboral de la región. (Papadópulos y Radakovich, 2006).
Por otra parte, dentro del mismo umbral de las respuestas al cuestionamiento anterior, identificamos que  “los espacios de género en las universidades han sido el lugar más importante para la generación de un conocimiento crítico sobre las distintas formas de desigualdad social entre los sexos” (Buquet,  2011, p. 213). Esta generación de conocimientos implica, según el informe de reformas e innovaciones en la educación superior en algunos países de América Latina y el Caribe, entre 1998 y 2003, publicado por IESALC,  que la Universidad debe enfrentar la situación de iniquidad que hoy caracteriza tanto el acceso a sus espacios académicos y laborales, como las condiciones convergentes en los logros educativos de quienes acceden a ella. (Fergusson, Lanz y Marcuzzi, 2003).
Si bien es cierto que  “la universidad debe enfrentar los cambios sociales, en el contexto de la globalización y la mundialización que están latentes en las concepciones emergentes” (Fergusson, Lanz y Marcuzzi, 2003, p. 108), también debe considerarse que el papel de la Universidad en la equidad y género implica la:
1.- Consolidación de estructuras igualitarias de oportunidades educativas.
2.- Generación de un conocimiento crítico sobre las distintas formas de desigualdad social entre los sexos.
Las barreras intangibles en la equidad de género.
 Según Bustos 2012, existen diversos instrumentos normativos como: la Declaración Universal de Derechos Humanos (1948), la Convención y Recomendación Relativas a la Lucha contra las Discriminaciones en la Esfera de la Enseñanza (1960) y la Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer, CEDAW (1979), a pesar de ello aún prevalecen ciertas incongruencias que a mediano plazo se convierten en obstáculos. El Programa Universitario de Estudios de Género (PUEG), en el marco del proyecto Institucionalización y transversalización de la perspectiva de género en la UNAM, ha realizado estudios cuantitativos y cualitativos que identifican plenamente, algunas barreras intangibles relacionadas con la equidad de género y la segregación, específicamente estas se refieren a:   la segregación vinculada a los nombramientos, segregación disciplinaria en la investigación, segregación disciplinaria en la población estudiantil y segregación por nivel educativo. (Buquet,  2011)
Estas barreras determinadas cómo intangibles han existido en el ámbito de la equidad de género desde hace mucho tiempo, de hecho la admisión de las mujeres en la educación superior, de manera formal, tardó varios siglos si consideramos que la universidad más antigua en Europa se fundó en Bolonia, Italia, en el siglo XII; no obstante, las mujeres fueron admitidas hasta 1860 en Suiza; hacia 1870 en Inglaterra; en 1880 en Francia; y hasta 1900 en Alemania. En México, la primera médica, Matilde Montoya, se tituló en 1887. (Bustos, 2012) 
En conclusión es indiscutible que en las tres últimas décadas, la cantidad de mujeres egresadas del sistema universitario de la región se ha multiplicado. Esto relacionado directamente con el aumento acelerado de la matrícula universitaria en todo el continente. Las mujeres también tienden a aumentar su tasa de participación en el mercado de trabajo a medida que aumenta su nivel educativo. (Papadópulos y Radakovich, 2006). Paralelamente las universidades, además de producir conocimiento y transmitirlo, deben promover la equidad de género al interior de sus comunidades, atendiendo de manera directa todas las dificultades, vastamente documentadas, a las que se enfrentan las mujeres en la academia (Buquet,  2011, p. 220). Aunque son notoriamente sustantivos los avances en torno a la equidad y género, existen barreras que inhiben su desarrollo y la Universidad en México representa sin duda un espacio para su desarrollo.
Referencias:
Buquet, Ana (2011). Transversalización de la perspectiva de género en la educación superior. Problemas conceptuales y prácticos, en Perfiles Educativos, tercera época, volumen XXXIII, número especial, 2011, ISSN: 0185-2698, pág. 211-225. México
Bustos, Olga (2012). "Mujeres en la educación superior, la academia y la ciencia" (en) Ciencia, Julio-septiembre 2012, Vol. 63 Núm. 3. México, pp. 24-33. UNESCO (2007), Ciencia, tecnología y género.
Fergusson, A., Lanz, L., y Marcuzzi, A. (2003). Procesos de reforma de la educación superior en América Latina. En IESALC (ed.), Informe sobre la Educación Superior en América Latina y el Caribe 2000-2005.
Papadópulos, J., y Radakovich, R. (2006) Educación superior y género en América Latina y el Caribe. En IESALC (ed.), Informe sobre la Educación Superior en América Latina y el Caribe 2000-2005.