En el presente documento se analiza la forma en que
impacta la escolaridad en la discriminación de género, y el papel que juegan
las Universidades en este contexto. En un primer momento se aborda el
planteamiento formulado por Buquet, de que a mayor nivel educativo, mayores y mejores
posibilidades de inserción laboral e ingresos así como mejores perspectivas de
movilidad social ascendente para el género femenino; Posteriormente se razona
sobre el papel que la Universidad juega en el ámbito de la equidad de género, sus
alcances y sus limitaciones; Subsiguientemente se identifican las barreras
intangibles que limitan el pleno desarrollo y la equidad de género (Buquet,2012;
Fergusson, Lanz y Marcuzzi, 2003; Papadópulos y Radakovich, 2006).
A mayor escolaridad
menor es la discriminación por género.
Recientemente se ha considerado que la igualdad entre
mujeres y hombres no es sólo un asunto de justicia social, cuestiones de género
y de especie son indisolubles en el contexto de derechos humanos y enfocan esta
ideología hacia una necesidad para el desarrollo económico y social de
cualquier sociedad (Buquet, 2011). Sin
embargo, aunque el origen no esté plenamente identificado, es evidente que la educación constituye un importante
parteaguas en la discriminación por género, porque “la educación como fuente
transmisora y conformadora de conocimiento, trasmite las lógicas mediante las
cuales se aborda la realidad y el propio conocimiento”. (Fergusson, Lanz y
Marcuzzi, 2003, p. 106).
Es importe reconocer que “la educación superior no fue un
espacio considerado propiamente femenino,
constituyendo uno de los ámbitos privilegiados de reproducción de las
desigualdades de género en el fortalecimiento de la división sexual del
trabajo” (Papadópulos y Radakovich, 2006, p. 118). Las transformaciones en el
contexto sociocultural y económico de México, han promovido también y de manera
favorable la inclusión de la mujer en la Universidad. Por hoy queda de
manifiesto que a mayor nivel educativo, mayores y mejores posibilidades de
inserción laboral e ingresos así como mejores perspectivas de movilidad social
ascendente. En los últimos treinta años, las mujeres han alcanzado niveles de
matriculación que equiparan los niveles masculinos y en algunos casos han
comenzado a superar estos niveles alcanzando mayorías significativas en algunas
carreras (Papadópulos y Radakovich, 2006).
Uno de los elementos centrales de la dedicación
internacional, y de los gobiernos, a corregir las desigualdades históricas en
las que han estado sumergidas las mujeres es, sin lugar a dudas, que el
desarrollo social y el bienestar humano sólo podrán ser alcanzados si se
incorpora en estos procesos a toda la población humana y no sólo a la mitad de
ella (Papadópulos
y Radakovich, 2006; Buquet, 2011). Si
bien es cierto que a mayor escolaridad es menor
la discriminación por género, tenemos que reconocer que faltan cosas por
hacer al respecto. Por ejemplo “las mujeres representan sólo la quinta parte en
el nivel III del SNI, y también son la quinta parte en las áreas del
conocimiento de ingeniería, así como en ciencias físico-matemáticas y de la
Tierra” (Bustos, 2012, p.29)
El papel de la Universidad en la equidad
de género.
En el contexto del compromiso social de la Universidad,
subyace una interrogante de fondo: ¿Qué papel juega la Universidad en la
equidad de género?, la primer respuesta
se hace evidente al considerar que “la educación superior en la historia
reciente ha tenido un papel de gran relevancia en la consolidación de estructuras igualitarias de oportunidades entre
varones y mujeres en el ámbito de la formación académica” (Papadópulos y
Radakovich, 2006, p. 118). Este propósito ha gestado una verdadera revolución
silenciosa en el sistema universitario de América Latina. Esta es la masiva
incorporación de estudiantes mujeres al mismo. También es así en lo que atañe a
las egresadas del sistema. Asimismo, esta revolución silenciosa ha tenido un
fuerte impacto en el mercado laboral de la región. (Papadópulos y Radakovich,
2006).
Por otra parte, dentro del mismo umbral de las respuestas
al cuestionamiento anterior, identificamos que
“los espacios de género en las universidades han sido el lugar más
importante para la generación de un
conocimiento crítico sobre las distintas formas de desigualdad social entre los
sexos” (Buquet, 2011, p. 213). Esta
generación de conocimientos implica, según el informe de reformas e
innovaciones en la educación superior en algunos países de América Latina y el
Caribe, entre 1998 y 2003, publicado por IESALC, que la Universidad debe enfrentar la situación
de iniquidad que hoy caracteriza tanto el acceso a sus espacios académicos y
laborales, como las condiciones convergentes en los logros educativos de
quienes acceden a ella. (Fergusson,
Lanz y Marcuzzi, 2003).
Si bien es cierto que “la universidad debe enfrentar los cambios
sociales, en el contexto de la globalización y la mundialización que están
latentes en las concepciones emergentes” (Fergusson, Lanz y Marcuzzi, 2003, p.
108), también debe considerarse que el papel de la Universidad en la equidad y
género implica la:
1.- Consolidación de estructuras igualitarias de
oportunidades educativas.
2.- Generación de un
conocimiento crítico sobre las distintas formas de desigualdad social entre los
sexos.
Las barreras intangibles en la equidad
de género.
Según Bustos 2012,
existen diversos instrumentos normativos como: la
Declaración Universal de Derechos Humanos (1948), la Convención y Recomendación
Relativas a la Lucha contra las Discriminaciones en la Esfera de la Enseñanza
(1960) y la Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de
Discriminación contra la Mujer, CEDAW (1979), a pesar de ello aún prevalecen
ciertas incongruencias que a mediano plazo se convierten en obstáculos. El
Programa Universitario de Estudios de Género (PUEG), en el marco del proyecto
Institucionalización y transversalización de la perspectiva de género en la
UNAM, ha realizado estudios cuantitativos y cualitativos que identifican
plenamente, algunas barreras intangibles relacionadas con la equidad de género
y la segregación, específicamente estas se refieren a: la segregación vinculada a los
nombramientos, segregación disciplinaria en la investigación, segregación
disciplinaria en la población estudiantil y segregación por nivel educativo.
(Buquet, 2011)
Estas barreras determinadas cómo intangibles han existido
en el ámbito de la equidad de género desde hace mucho tiempo, de hecho la
admisión de las mujeres en la educación superior, de manera formal, tardó
varios siglos si consideramos que la universidad más antigua en Europa se fundó
en Bolonia, Italia, en el siglo XII; no obstante, las mujeres fueron admitidas
hasta 1860 en Suiza; hacia 1870 en Inglaterra; en 1880 en Francia; y hasta 1900
en Alemania. En México, la primera médica, Matilde Montoya, se tituló en 1887.
(Bustos, 2012)
En conclusión es indiscutible que en las tres últimas
décadas, la cantidad de mujeres egresadas del sistema universitario de la
región se ha multiplicado. Esto relacionado directamente con el aumento
acelerado de la matrícula universitaria en todo el continente. Las mujeres
también tienden a aumentar su tasa de participación en el mercado de trabajo a
medida que aumenta su nivel educativo. (Papadópulos y Radakovich, 2006).
Paralelamente las universidades, además de producir conocimiento y
transmitirlo, deben promover la equidad de género al interior de sus
comunidades, atendiendo de manera directa todas las dificultades, vastamente
documentadas, a las que se enfrentan las mujeres en la academia (Buquet, 2011, p. 220). Aunque son notoriamente
sustantivos los avances en torno a la equidad y género, existen barreras que
inhiben su desarrollo y la Universidad en México representa sin duda un espacio
para su desarrollo.
Referencias:
Buquet,
Ana (2011). Transversalización de la perspectiva de género en la educación
superior. Problemas conceptuales y
prácticos, en Perfiles Educativos, tercera época, volumen XXXIII, número
especial, 2011, ISSN: 0185-2698, pág. 211-225. México
Bustos,
Olga (2012). "Mujeres en la educación superior, la academia y la
ciencia" (en) Ciencia, Julio-septiembre 2012, Vol. 63 Núm. 3. México, pp.
24-33. UNESCO (2007), Ciencia, tecnología y género.
Fergusson,
A., Lanz, L., y Marcuzzi, A. (2003). Procesos de reforma de la educación
superior en América Latina. En IESALC (ed.), Informe sobre la Educación
Superior en América Latina y el Caribe 2000-2005.
Papadópulos,
J., y Radakovich, R. (2006) Educación superior y género en América Latina y el
Caribe. En IESALC (ed.), Informe sobre la Educación Superior en América Latina
y el Caribe 2000-2005.